El Guanare y el Portuguesa esculpen la sabana baja de Arismendi con cada crecida. Cuando el agua sube, la canoa deja de ser un adorno de orilla y se convierte en el único camino entre caseríos.
Arismendi está sentado sobre un llano bajo: una tierra prácticamente plana, sin pendientes, que durante buena parte del año permanece bajo la influencia directa de los ríos Guanare y Portuguesa. Esa cercanía con el agua no es un detalle más, es lo que organiza la vida diaria de sus caseríos.
Cuando cae la sequía, entre noviembre y abril, el terreno se seca y se recorre en rústico o a caballo sin mayor problema. Pero cuando llegan los palos de agua del invierno, entre mayo y septiembre, los ríos crecen, se desbordan y convierten la sabana en un espejo de agua: ahí la única manera de llegar de un caserío a otro es en canoa o en bote de motor.
Entre esteros, bosques de galería y sabana abierta, Arismendi comparte la fauna típica de los llanos occidentales de Venezuela.
La vegetación de la sabana llanera es sobre todo herbácea: pastizales abiertos que se pierden en el horizonte. Sobre ese tapiz verde resaltan los chaparros y alcornoques, árboles bajos y resistentes al fuego que es frecuente en el verano.
En los islotes de bosque conocidos como "matas" y a lo largo de las costas de los ríos crecen árboles de copa mucho más grande, como el que se recorta contra el cielo en la fotografía: gigantes solitarios que dan sombra al ganado y sirven de referencia en medio de la llanura. En las zonas más bajas e inundables, además, aparece la palma moriche, característica de los esteros permanentes.
La economía de Arismendi corre a puro campo, y el ganado cebú —blanco, de joroba y orejas largas, bien adaptado al calor del llano— es su protagonista. A diferencia de la ganadería intensiva, aquí los animales pastan en baja densidad sobre grandes extensiones, prácticamente libres.
Con la propia estación, el ganado se desplaza solo: de los bancos altos a los bajíos y esteros a medida que avanza la sequía, y de vuelta hacia tierra firme cuando la sabana vuelve a inundarse. De esas fincas y fundos sale buena parte del queso llanero, la carne y las cosechas que llegan hasta los mercados del centro del país.
Al ser llano bajo, la vida en Arismendi cambia radicalmente con el clima: se mueve a caballo en sequía y en canoa cuando el agua sube.
Así ha sido siempre en esta sabana: el río no es un obstáculo, sino el compás que marca cuándo se ensilla el caballo y cuándo se empuja la canoa hacia el agua.
De la sabana y sus ríos a la historia y la música que le dan identidad a Arismendi.